En el universo de las bodas 2025, la gastronomía dejó de ser un servicio más: ahora es una experiencia sensorial que cuenta la historia de los novios. Como crítico y planeador de bodas, te confirmo que el menú dejó de girar en torno a filete o salmón. Hoy, las parejas eligen narrar con sabores: infancia, herencia cultural, viajes, pasiones.

La estrella actual: la barra de quesos y charcutería curada como obra de arte viva. Montadas con flores comestibles, hojas de parra, mieles infusionadas, panes artesanales, y quesos nacionales selectos como el cotija añejo o el requesón con trufa negra. Se combinan con vinos biodinámicos o mixología botánica servida al centro de mesa.

Otra joya de tendencia: las estaciones activas con chefs en vivo. Desde nigiris preparados al momento con soplete, hasta mini tacos de autor servidos sobre piedras calientes. Lo efímero y teatral reina.

El platillo que conquista bodas de alto diseño este año: la burrata rellena de betabel rostizado y pistache, sobre coulis de frambuesa y reducción de balsámico. Ligera, elegante, vegetariana y absolutamente fotogénica.

¿Y el postre? Se acabó el pastel clásico. Llegó el “dessert garden”: un jardín comestible en miniaturas, con mousse, frutos del bosque, flores y hojaldres montados en ramas o espejos.

Comer en una boda ya no es alimentarse, es vivir una escenografía multisensorial que refleja el alma de los enamorados. ¿Tú qué historia quieres contar con tu menú?